Mi querido Fernando, tantas cosas te diría pero creo que ya todas las sabes: unas se me diluyen y otras vuelan, pero así de refilón agarro alguna y te las mando con el contento de mi alma, porque sé que las recibirás como un regalo. Por favor, amigo, no cumplas muchos más, que te después envejeces y te pones rezongón y engreído, como todos o casi todo los viejos que creen equivocadamente tener la verdad, esa otra vieja caprichosa que siempre nos está tentando. Tú deja que pase el tiempo, que se multipliquen los años, que hagan lo que les venga en gana, eso sí, no dejes que se posen en tu mente. Arbitra tu derecho a ser feliz. Cuida a los tuyos, riéte, escribe y has como si no hicieras nada, en el fondo, existe una mecánica de la existencia que nadie puede detener ni manejar a voluntad. Oye, que en el 2999, estemos tú y yo ahí, para contarlo. Un abrazo de este, tu amigo.