ya sabes, quien persiste suele llegar a la meta. Y tú lo haces, persistes y te mantienes atento al devenir poético. También entiendes que la poesía está en todo y que es esa mirada personal del creador la que la revela.
Revelación y lucidez, Fernando, son los dos engranajes del poema y tú poco a poco vas sumergiéndote en esos mares, que parecen hechos de materiales opuestos, pero terminan por complementarse en el barro del verso.
Peligroso irse por uno solo de los dos caminos, como peligroso es creer en los cantos de sirenas. La poesía es lo contrario: no se fija en el canto, sino en la espina que nace de él. Y ya lo sabes, la espina es la parte que no sé ve a simple vista, no se siente, no se escucha. Está oculta bajo el cuerpo. Por lo tanto, el poeta habla de aquello que, aún existiendo, se mantiene silencioso en la palabra. Cualquier otro territorio, no es poesía. Camina hacia allá, hacia lo silencioso, lo callado, lo pequeño y revelarás el mundo.
Como muchas, tu escritura es hija de la búsqueda y persigue incansable el hallazgo. No desesperes. Aprende que la única lucha del poeta es con sus propios versos. Es mejor el camino secundario, que siempre se muestra tal cual es, que el principal, lleno de mentiras y becerros de oro. Aprende a decidir y posicionarte, y tu poesía crecerá.
Y nunca consideres tu nombre por delante de tu propia palabra. Lo sabemos: el poeta no es más que una biobibliografía, un poco de tinta en la solapa de un libro.
Persevera, como sabes, en lo pequeño y serás grande.