Enrique Garcíá-Maiquez
FIESTA DE CUMPLEAÑOS
A Fernando Amaya, ayudándole a soplar las velas desde la distancia, sabiendo —por los motivos que desgrana su
Mecánica del desvelo—
que su cumpleaños será menos melancólico que los míos.
Porque uno es alegre, intenta
no darle más importancia
y dejar las elegías
a quien les vea la gracia;
pero, ¿quién pasa del tiempo
cuando es el tiempo el que pasa?
Por mi cumpleaños, algo
más que velas trae la tarta:
entre más velas, la guinda
dulzona de la nostalgia.
Algún invitado dice:
“Treinta años no son nada…”
No son nada, eso es lo malo,
y lo peor, que esto acaba
de empezar, y no termina.
Las imprudencias se apagan,
los deseos se hacen polvo,
mis bromas están gastadas
y o hablo sólo de dinero
o vuelvo a contar batallas
de otras guerras.
A mis novias
me las encuentro en la playa
con sus hijos. Desde lejos
me saludan, desganadas.
Y aquellos poetas jóvenes
que, cómplices, me enviaban
sus manuscritos, comentan
muy serios a mis espaldas
lo que sé: que no he cumplido
lo que de mí se esperaba.