Descubrí a Fernando Anaya a duras penas y con mucha suerte. Porque la joya no es insolente, ni es aquello que nos persigue, ni que brilla para fascinarnos.
Por eso Fernando Anaya es mi hallazgo personal y muy íntimo.
Poesía es imitar aves y alcanzar estrellas. Conquistar y cautivar valores para darles luego la libertad. Poesía es amor y por eso me enamoré de los versos de Fernando e hice traducción de algunos en lengua búlgara.
De este modo nuestro poeta ya tiene otra vida lírica, bienaventurado sea. Y os digo que los amigos alados y los conocedores tan exigentes de Bulgaria lo aceptan como uno de los suyos.