El cielo se desploma
en infinitas astillas: promesas de futuro.
La vida se abre camino entre la reseca corteza,
improvisadas arterias retoman su antiguo resplandor
y declinan su contenido en instintivo final.
Mientras la nube, con anciana quietud,
decide anclarse a la lejana altura.
Coro de fragmentos etéreos,
su venida sorprendió a las ancestrales predicciones
como el amor engaña a los sentidos y al tiempo
y en lenguaje primitivo nos concede
el regalo de un dios olvidado para siempre.
Infinitos corazones palpitantes sacuden
sus tallos en reverencia
y el hombre vuelve a recordar
la sinceridad de su niñez.