NO es tu naufragio lo que me abrasa por dentro,
ni siquiera todos los amaneceres
que planean arrebatarte
sino este mutismo con el que explicar nada.
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PodrÃa decirte que eres
el inesperado fruto de una incidencia
o una medida sicológica
demasiado pesada quizás
para una cobarde balanza,
pero nada colmarÃa lo sé,
el ansia de saber la razón.
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Intruso en tu letargo,
anfibio en territorio hostil,
te abandonas
al abismo de una suerte contraria
en una confusión de glándulas ajenas.
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En el cerco que te aborrece
celebra a solas
la hazaña de haber llegado puntual
a la cita del milagro,
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porque eres único en la calma de los dones,
y arrastras toda la inocencia
en la tensión de esos puños.
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Que el quebrantamiento de tus huesos
sirva de soniquete continuo del crimen
y en emboscadas nocturnas aceche
rompiendo los tÃmpanos de todo cómplice.
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No temas, tú
que trastocas la noción de lo frágil,
aspira por última vez el limbo que no te desea
y alégrate
porque dejas a un muerto a tu paso.
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