SOY inocente aunque no lo sepa,
aunque mi inocencia vuelva tan sucia,
exhausta de aspirar entre los hombres.
No quiero oír la cantinela
de ciertos nudos tiritando
ni la cuchilla del rédito despojando almas.
No.
Soy inocente aunque no lo sepa
y mis pies
sucumben a la danza
del autómata perverso.
Aunque no lo sepa hay una luz
que prosigue mi infancia
en los años que son lágrimas por no volver a ella.
Me distraigo con disimulo
en la conversación reseca del ambicioso,
esquivo sus promesas
y su carcajada de bufón alborotado.
Hay preguntas impúdicas
y recesos íntimos como entrañas.
Hay hombres que portan la tristeza
de un muslo corneado
y yo no quiero sentarme con ellos
ni ser pastel ni trozo ni número.
Ellos son los que me ausentan,
los que hacen que la luna
se ahogue en sus recintos
y que mis ojos lloren
con la angustia infinita
de un niño perdido en el parque.
Soy inocente
aunque haya olvidado contar hasta diez
para volver a la vida
mientras me canso de existir.