Guille Spottorno
Preludio de poeta
A Fernando Anaya
Cuentacuentos de cotidianeidad
envidiada por los mansos,
elucubras testamentos
para que tu intimidad se eternice.
Mano de santo para conseguir
fieles adeptos a tus consignas
cual flautista de Hamelín
con corbata, puro y gin-tonic.
Como la geografía de las nubes,
pasas de ser presentador
a llenar con pasión
salones con tu desvelo.
¿Quién se hará llamar poeta
tras oírte recitar
que en tu lápida tallado
tan sólo ponga: letrado?
De puertas para adentro
no quedará más que un almanaque
esperando que su pequeña lumbre
dé luz a las murallas.
Y que el aguacero que caiga a altas horas
nos pille a salvo en una terraza de Pintor Rosales,
y desde el otro lado de una ventana
una señora despegue una sonrisa de sus labios
dándote las gracias por la carta sin título que nunca recibió.
Guille Spottorno. Madrid, junio de 2007.