HUÉSPED de un destino mayor
es la plácida historia de los mansos.
Sonrisa pura,
ensimismada sencillez,
máximas credenciales
que sostienen la bondad de lo extinto.
Os distingue un rumor de alegría
que pocos escucharon
en el reparto íntimo de los dones.
Quién os va a instruir en fortalezas
a vosotros
que domináis el mundo
silenciosamente.
Qué rostro vulgar
pretende aleccionaros en maldades.
Quizás, por una extraña vocación
o porque no encontráis las palabras adecuadas
con las que maldecirnos
inmunes
resistís a nuestros venenos
Eterna salud a vuestro reposo
os canto
os admiro
os envidio
vuestra es la dicha.