HOY es el enésimo aniversario de los números.
Celebrémonos en su seno
incorregible de aristas perfectas.
Fijaos allí,
un destacamento de algoritmos obedientes
ahogan a un tulipán improvisado
mientras un par de teoremas
reducidores de almas
se doctoran en crueldades.
Pero no seamos críticos
en el día de su esparcimiento,
alcemos las soluciones y los edificios
contra el olor de la carne incrustada
y seamos los reos de la técnica
para escupir humanidad a plazos.
Recibamos a la matemática lustrosa
con la corona resignada de la tristeza,
aún sabiendo que devoran al alba
todos nuestros errores.
Asoma ya su lengua rancia
y su gesto de patíbulo,
miremos cómo desfilan
engalanados
en su fungible procesión de muertos.